La FUNDACIÓN SOCIAL COLOMBIANA CEDAVIDA ha contado con el privilegio de trabajar a nivel nacional con más de 15omil personas, que se han convertido en nuestros maestros y maestras, entre los cuales se destacan hombres y mujeres de todos los niveles sociales, mujeres privadas de la libertad, familias en situación de desplazamiento, jóvenes, niños, niñas, padres y madres de familia, docentes, funcionarios de diferentes entidades públicas y líderes de diferentes tipos de organizaciones y población desmovilizada de las guerrillas y las autodefensas. Niños, niñas, adolescentes y jóvenes, incomparables maestros que nos confrontan permanentemente, que nos sacan de casillas y nos demuestran cuanta comprensión y tolerancia nos falta a los adultos, enriquecen nuestra dinámica pedagógica. Ellos nos fueron contando historias conmovedoras de cómo al ser desvalorizados quieren huir y encontrar salidas a esas humillaciones proyectando su ira y su dolor. Pero al escuchar a los padres, madres, maestros y maestras, que a su vez habían vivido idéntica socialización, comprendimos cómo el modelo pedagógico basado en la mal interpretada autoridad – esa que se sustenta en el miedo, en la lucha y el esfuerzo por diferenciarnos del “otro y en la competencia que centra el poder en la fuerza” – nos lleva a estas respuestas violentas cuyas consecuencias son la confrontación armas y la exclusión social. La cultura de la violencia se viene construyendo hace milenios a través del modelo pedagógico en que todos fuimos formados.

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Trabajar con victimas victimarios nos permitió salir de esa dualidad. Las victimas reconocieron que no necesitan convertirse en demandantes eternos de ayuda y que si bien su derecho a la reparación debe ser reconocido, ellos pueden aportar a la reconciliación transformando su actitud para reconocerse como actores. Entendieron que seguir odiando era su propia cárcel, que ser víctimas impotentes era perderse como seres libres y que además en otras ocasiones ellos mismos habían actuado como victimarios en sus familias, en su trabajo y/o en su comunidad.

¿Qué sucedió con los llamados victimarios, cuyos actos son consecuencia de múltiples variables que se conjugan? ¿Qué sucede para que un ser humano perpetre crímenes atroces y otro no? Los movilizados de las autodefensas, de las guerrillas y los mismos miembros de la Policía Nacional nos contaron el por qué: estaban proyectando un odio guardado por muchos años – generando en situaciones en las que fueron víctimas de abusos y malos tratos en su familia, escuela y demás entornos – y reconocieron como, en los actos de violencia contra los demás, este odio – mezcla de tristeza, ira e impotencia – había encontrado una salida al fortalecer la creencia de que “los enemigos”, “los otros”, siempre merecen ser tratados con violencia. Cada uno de ellos nos fue narrando además la pertinencia y la bondad de las acciones realizadas para defender la “patria”, la “familia” o su propio “status quo”.

Este descubrimiento y el revivir el dolor de cuando fueron víctimas los llevó a reconocer directamente su responsabilidad, a llorar lo vivido, a perdonarse a sí mismos y a perdonar a quienes les hicieron daño. En CEDAVIDA creemos que cuando nos hacemos responsables de nuestros actos se inicia la transformación. Por eso no creemos que aumentar las penas y los castigos impidas las acciones violentas, sino que es indispensable la transformación de la conciencia.

Observar la dualidad de la vida no solo desde la lucha de los contrarios, sino percibir que uno no existe sin el otro, permitió a las personas con quienes hemos trabajado darse cuenta del vínculo vital que contiene a los dos. No hay víctimas sin victimario, no existe no-violencia sin violencia, igual que no podemos hablar de oscuridad sin la existencia de a luz. También entendieron que siempre que nos permitimos volver a la totalidad, la unidad aparece junto con la verdad del hecho y de manera inmediata aparece el amor por nosotros mismos y por los otros, la libertad se muestra esencial y la solidaridad, la autonomía y la bondad se descubren sin esfuerzo.

niñoEn CEDAVIDA hemos venido cuestionando de manera muy fuerte durante los últimos años en todos nuestros proyectos y acciones, el paradigma tan generalizado en nuestra cultura que “el fin justifica los medios”, que creemos ha llevado al estado de violencia, engaño y corrupción que se presenta en nuestra sociedad. También en los últimos años hemos venido proponiendo transformar el paradigma imperante según el cual “el todo es la sumatoria de las partes” para reemplazarlo con el paradigma comprobado científicamente según el cual “La parte contiene al todo y el todo contiene a las partes”.

Todo esto nos ha permitido construir y reconstruir de manera permanente y participativa una dinámica pedagógica para la “Cultura de Paz”, que propicia el reconocimiento y la deconstrucción de estas formas de interrelación, para generar relaciones de poder simétricas, basadas en principios fundamentales como el amor, la libertad y la verdad. Esta dinámica pedagógica se recoge en la última publicación de la Fundación CEDAVIDA “El presente: donde todo es posible” y nos sirve a todos para erradicar la violencia sembrada en cada uno, al percibiros como seres separados, fragmentados del otro y del universo.

De esta manera, y bajo la convicción de que la cultura de violencia en el cual hemos sido formados – a través de las relaciones de poder asimétricas, la venganza, la competencia y el miedo, entre otros – cambiará si un número suficiente de individuos eleva su nivel de conciencia, CEDAVIDA promueve la creación de un nuevo mundo que tenga su fundamento en la paz de la conciencia. La creación de este mundo se expresa en acciones cotidianas que implican interactuar a través de relaciones de poder simétricas, es decir, como seres pacíficos y respetuosos de los demás y del universo.

mamdre_e_hijaUstedes se estarán preguntando ¿por qué afirmamos que la dinámica propuesta nos sirve a todos? ¿Por qué planteamos una propuesta generalizada en un mundo que busca a toda costa la diferenciación y la especialización? Porque creemos en que el ser es uno y que nuestro espíritu es universal. Nos atrevemos a generalizar porque hemos trabajado con quienes han sufrido abuso sexual, violencia política, violencia infantil, intrafamiliar, contra la mujer, contra las etnias, contra los varones, contra todos y hemos encontrado que somos uno en la totalidad del concierto universal, porque a todos de diferentes formas, nos ha enseñado un modelo violento de interrelación. Por eso vivimos fragmentados, comparándonos, compitiendo, detenidos en el afuera, sin mirar hacia adentro.

Después de muchos años de “prestar atención” a estas 150 mil personas percibimos con claridad que el “deber ser”, ese que nos señala que no somos suficientemente “buenos” ha generado una lucha y una crisis de conciencia cuyo contenido hay que descubrir para salir del condicionamiento de nuestros actos.

No permitamos que la mente nos siga atormentando, detengámonos en el único momento verdadero: el presente. No vayamos al pasado para buscar en los múltiples conocimientos que tenemos la proyección de otra ficción el llamado futuro, porque ambos aquí y ahora, son tan solo imágenes y lo único verdadero es el presente. Detenernos en el presente, nos impide el movimiento hacía atrás o hacia adelante y eso es vivir. Lo demás no es más que la imagen, el pensamiento, es vivir en la virtualidad inventada por nosotros para decir que esa es la verdad de los hechos, de las situaciones o de las cosas. La FUNDACIÓN SOCIAL COLOMBIANA CEDAVIDA no detiene su acción, no se limita a las investigaciones realizadas ni siquiera por ellas mismas, porque ese es el pasado y la vida es dinámica.

La apuesta por la libertad ha sido elemento central del trabajo de la Fundación y por eso aprovechamos cada instante para armonizar la vida real con sus múltiples interpretaciones, con la verdad de los hechos que nos señala la conciencia, que al vaciarse de su contenido limitante y condicionante nos permite percibir dónde y cómo encontrar la paz.

A través de la transformación de quienes nos han acompañado y de la permanente transformación de nosotros y nosotras mismas – quienes conformamos los equipos de CEDAVIDA -, con los altibajos propios de nuestra naturaleza humana y de una existencia siempre en movimiento, proponemos una dinámica pedagógica que, a través de los dominios físico, emocional y lingüístico, desata el pasado, confronta el futuro y se sitúa en el presente. No para recuperar la esperanza que estaba perdida y debe permanecer así (porque es futuro), sino para compartir que lo que nos llevó a equivocarnos fue esa manera de ver el mundo, de sentirnos ajenos a él y de buscar fuera lo que está dentro.

La confrontación armada quizás es la gran maestra porque nos señala un conflicto humano que es propio y ajeno, para mostrarnos que la crisis no está en las leyes perversas, en los políticos corruptos, en los narcotraficantes, en la guerrilla, en los paramilitares, sino en la conciencia de cada uno de ellos y ellas que también somos nosotros, del concierto universal.

familia_colombianaPor eso en CEDAVIDA estamos convencidos de que “la paz individual es el camino de la paz universal”. Por ellos sostenemos que la paz es el camino y que definitivamente una paz duradera no se consigue actuando con violencia o recurriendo a ella. No es que exista un camino hacia la pazo una ruta del “deber ser pacífico”. Los caminos son muchos como en un laberinto. Pero cuando la paz es el camino cada uno de nosotros es paz en cada acción cotidiana y en esa medida construimos la “Cultura de Paz”. Y si cada uno está en este estado podemos reemplazar la seguridad armada y demostrar que la vida brinda más satisfacción que la muerte y la guerra.

Así como el aleteo de las alas de la mariposa, las acciones de cada uno y cada una de ustedes pueden llegar al otro lado de mundo convertidas en un Tsunami de amor, verdad y libertad. Por todo lo anterior, la invitación de la FUNDACIÓN SOCIAL COLOMBIANA CEDAVIDA a las personas de sus equipos, a las personas a las que llegan con sus programas y acciones y a todos los seres e general, sigue siendo a la renovación permanente y a la transformación diaria.

Es una invitación a renacer como el Ave Fénix, pero no cada 100, cada 500 o más años según la cronología del mito, que varía de acuerdo con las representaciones de las diferentes culturas – China, hindú, Japonesa, Rusa, Egipcia, de los indios de Norteamérica, los Aztecas, Mayas o Toltecas – sino a renacer cada día, cada momento, cada instante, a través de la transformación y expansión permanente de la conciencia.

El Ave Fénix es el símbolo elegido para nuestra revista desde su primera publicación en 1993 por sus múltiples representaciones: en la mitología del antiguo Egipto representaba al sol que muere por la noche y renace por la mañana caracterizando la regeneración del mundo; en la mitología china – que le dio el Fénix una naturaleza de macho y hembra a la vez – simboliza la unión del ying y el yang, siendo en consecuencia la encarnación de la felicidad y de la armonía supremas. Ha sido símbolo del renacimiento físico y espiritual, del poder del fuego y de la purificación. El Fénix habita en la bienaventuranza y muere para renacer nuevamente con toda su gloria y belleza. Se trata de una muerte ritual que ocurre siempre para renacer. Por ello “Ave Fénix: el regreso” representa dos ideas: una el renacimiento y otra el regreso de nuestra revista después de varios años, que sin duda ha alimentado nuestras reflexiones.

Si observamos también la naturaleza, vemos como las plantas se abren en la primavera, se mustian en el otoño y se despojan de sus galas en el invierno, para renacer de nuevo en la siguiente primavera, con todo su esplendor y belleza.

Por eso seguimos invitando a cada uno y cada una de ustedes a renacer en cada instante con toda la gloria y belleza de sus ser, a transformarse en cada momento, a morir de manera ritual para renovarse física, mental y espiritualmente de manera permanente, a encontrar la completud en la unidad de su ying y su yang – con su correspondiente felicidad y armonía – para lograr así la regeneración del mundo y el universo. El poder para ello y también la responsabilidad está sin duda en cada uno de nosotros.

Adriana Martínez Ardila
Directora Fundación Social Colombiana Cedavida