Un enemigo conocido

«…esa misma noche mi abuelo se metió a la pieza y empezó a tocarme por todas partes. A mí no me gustó y me paré de la cama, y yo no me dejaba, entonces sacó el revólver: que si no me dejaba iba a matar a mi mama, yo le dije que a mi mama por favor no le hiciera nada, y entonces pasó lo que pasó. Me pegó dos cachetadas, me puso contra la pared, me arranco la ropa, me daba patadas en los pies y me violó. Cuando la penetración, sentí como si me fuera a desmayar, después él se vistió y me dejó ahí».

La Fundación CedaVida, publica este libro como testimonio del conflicto que se vive en el interior de cada hogar y en la guerra, lugares donde el abuso sexual se utilizan como una manera de dominio de padres, abuelos, padrastros y actores armados en conflicto, frente a las mujeres y niños como forma de tortura.

Esta variable influye y determina la vida de las mujeres campesinas pero lo más sorprendente es ver como los hombres, hijos de estas mujeres colombianas, son entrenados para degradar y torturar a la mujer, perpetuando esta guerra y utilizando el abuso como un arma más del conflicto armado.

«Me quitaron toda la ropa, lanzaron un lazo a la viga del techo y me amarraron las manos. Ese hombre le dijo a Leonel que tuviera relaciones conmigo, pero como se negó, se bajó la cremallera y con otro de ellos abusaron de mí al mismo tiempo. Yo sentía que se me desprendía todo por dentro, me mordieron los senos, el estómago, las piernas. Cuando terminaron le preguntaron a Leonel información sobre los guerrilleros. Él les dijo: yo no sé nada de ellos. Pasaron veinte hombres a abusar de mí, me daba asco conmigo misma, yo ya no tenía fuerzas para oponerme más. Por un momento se me fueron las luces, entonces me echaron un baldado de agua fría para que me despertara, yo les rogaba que no abusaran más de mí, no quería vivir, solo quería que me mataran… es que nadie sabe lo que uno siente… lo que yo sentía y sigo sintiendo…»